miércoles, 23 de marzo de 2011

Jennifer Gobierno

Tengo que reconocerlo, me encanta la ciencia ficción. Nos transportan a planetas remotos, nos introducen en épicas aventuras, juegan con las leyes de la física y la realidad, en definitiva,  buscan expandir nuestra imaginación. Pero por mi formación, uno de los aspectos que más me atraen de este tipo de literatura es cómo se plantean diferentes formas de gobierno (Imperios, dictaduras, repúblicas) y de organización social (esclavismo, castas, división de clases) Y cuando mejor planteados están estos temas, más me atraen. Los casos más paradigmático son 1984 y Un Mundo Feliz.

Como sigo revisando mi biblioteca, me encontré con la siguiente novela:




Desde hace bastantes años estamos viviendo un proceso de desregularización, con una evidente pérdida de derechos sociales que cabalgan en una concepción liberal de la forma de gestionar el gobierno, y en el estado de crisis que estamos viviendo, se están proponiendo soluciones incluso más liberales como medida definitiva para salir de la crisis.

Es el viejo debate entre el derecho negativo y el positivo. El derecho negativo defiende la idea de la ausencia de coacción para las acciones individuales, de tal modo, que el egoísmo que se implica de todas esas acciones tengan beneficios para todos, osea, yo soy libre para comer y tu eres libre para comer porque nada nos coacciona la libertad de comer. El derecho positivo defiende la concepción de libertad como la capacidad de hacer algo, porque estoy en posición y tengo los medios de poder ejercer mi libertad, o sea, que de que vale la libertad para comer si no tenemos un acceso práctico y concreto a la comida. Tenemos que buscar la manera y los medios para que todos puedan ejercer su libertad para comer.

Max Barry nos presenta un thriller trepidante en un mundo donde el triunfo del capitalismo y el la concepción del derecho negativo es absoluto. EE.UU. se expande por medio mundo, la gente lleva como apellidos las empresas donde trabajan (John Nike, Billy ANR) y los niños llevan los apellidos de las escuelas de las propias empresas (Amy McDonalds, Kate Mattel). Si estás en el paro, no tienes apellido. Todos se rigen por el principio de coste-beneficio, y el Gobierno está limitado en sus acciones a su capacidad de autofinanciarse.

Todo comienza cuando unos directivos de Nike, John y John deciden promocionar sus nuevas zapatillas Mercury contratando a un subalterno para que mate a unos cuantos clientes en una tienda y se propague la idea de que la gente incluso mata por conseguir unas Nike Mercury. Y hasta aquí puedo leer.

El ritmo de la novela es trepidante y adictivo. Tiene diversas historias paralelas, con personajes bien construidos y personalidades muy diferentes, que poco a poco van confluyendo en un lugar común, pero que para nada confunden al lector y se llevan con facilidad. El tono irónico y ácido está presente en esta brillante distopía, te engancha desde el primer momento, y es realmente difícil dejarla en la mesita de noche para el día siguiente. Altamente recomendable.

Espero que la disfrutéis.

P.D.: A pesar de que es claramente un futuro distópico, no me deja de chocar como determinados párrafos de la novela se podrían poner tranquilamente en la boca de algunos políticos y contertulios actuales. Tal vez, Max Barry no estaba tan alejado de la verdad.

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